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El streaming y la evolución tecnológica

En el último año, el Streaming o visionado online, se ha impuesto en nuestro país como uno de los modos de piratería más demandados entre los usuarios para acceder a los contenidos protegidos por derechos de autor.

Stream significa “transmisión” en inglés. Utilizamos la palabra “streaming” para referirnos a la transmisión de archivos multimedia en directo a través de Internet. Aunque conviene distinguir dos tipos de “streaming”, que plantean tecnologías y problemáticas diferentes:

  • Streaming bajo demanda: Se podría comparar con ver en el televisor un DVD elegido previamente. Un servidor almacena archivos de vídeo o de música; los usuarios eligen los que más les interesen, hacen clic en un botón, y pueden disfrutar de ellos desde la misma página web, sin tener que descargarlos a su disco duro. Un buen ejemplo es YouTube.
  • Streaming en directo: un servidor emite contenidos, que los usuarios reciben en tiempo real a través de la red, como si estuvieran viendo un programa de televisión en directo, utilizado para videoconferencias y televisión por Internet.

Aunque el streaming se ha popularizado recientemente, en una revolución liderada por Youtube, lo cierto es que ya cuenta con 10 años de historia. De hecho, la mayoría de formatos de vídeo y audio que utilizamos (MP4, Real Video, Quick Time, Windows Media Video…) no se inventaron para enloquecernos con sus incompatibilidades, sino para transmitir datos en directo a través de la red. En un principio, si queríamos escuchar una canción o ver un vídeo colgado en Internet, teníamos que descargarlos en nuestro disco duro, e introducirlos en el reproductor de turno. No era posible reproducirlos desde la misma página web. Sin embargo, en los años 90, aparecieron una serie de nuevas tecnologías que agilizaron increíblemente el proceso de transmisión de datos:

  • La aparición de protocolos “ligeros”, como el UDP (User Datagram Protocol), o el RTSP (Real Time Streaming Protocol). La clave de estos protocolos, es que la transmisión de datos se realiza de forma simplificada. Cuando nos conectamos a una página web, el protocolo TCP impone que hay que establecer una primera conexión entre los ordenadores (algo así como concertar una cita), que los paquetes de información deben de llegar en un orden estricto, y que el receptor tiene que enviar una señal de confirmación cada vez que recibe uno. El objetivo, es garantizar que la información llegue íntegra a su destino; pero en la emisión de contenidos multimedia, el proceso se ralentiza terriblemente, interrumpiéndose cada vez que falla algo en el protocolo.
  • El UDP, sin embargo, no establece tantas “normas de etiqueta”. Los datagramas o paquetes incorporan la IP de destino, por lo que no necesitan “cita previa”. No controlan el flujo, por lo que no importa el orden en el que lleguen los paquetes; y tampoco hay señales de confirmación de entrega o recepción. Al retransmitir en directo contenidos multimedia, esas pequeñas pérdidas de información que puedan producirse, apenas son perceptibles para el receptor.
  • La precarga. El archivo no se descarga en el disco duro del ordenador, sino en la memoria temporal. De tal manera que, cuando hemos recibido un porcentaje mínimo de los datos, el archivo comienza a reproducirse, mientras el resto sigue descargándose. Si el proceso se interrumpe en algún momento, podemos seguir reproduciendo lo que ya se ha descargado.
  • La aparición de formatos “fluyentes” (MP4, Real Audio, Quick Time, ACC, Ogg…) que codifican los archivos como un torrente de datos que puede manar a través de la red; y de códecs capaces de reproducirlos en el ordenador cliente (Real Player, Sorenson, Windows Media Player…)
  • Ancho de banda suficiente para el torrente de datos que debe llegar a los usuarios. Por fortuna, han surgido empresas y organizaciones que proveen de ancho de banda exclusivamente para streaming, apartándolo del tráfico para otros usos.

En un principio, la arquitectura del streaming se apoya en el esquema cliente- servidor. Hay un servidor que almacena y transmite datos a través de la red, para los receptores que quieran acceder a ellos. Pero, a la hora de transmitir contenidos en directo, hay varias maneras de hacerlo. Así, tradicionalmente se ha distinguido entre unicasting (el servidor transmite los datos a cada uno de los usuarios que conectan con él) y el broadcasting (parecido a la radio o la televisión: el servidor emite la información para toda la red, y son los usuarios los que deciden si quieren recibirla). Sin embargo, el primer sistema planteaba el problema de que consumía demasiado ancho de banda, y que los servidores se colapsaban cuando recibían demasiadas peticiones. Por su parte, el broadcasting implicaba el desperdicio de una importante porción del ancho de banda. Por estas razones, se empezaron a aplicar tecnologías de redes más complejas. Así, cada vez se usan más el Multicasting (con un esquema en árbol: el servidor envía los datos a direcciones IP multicast, a los que se tienen que conectar los clientes interesados); y, sobre todo, el TVP2P. El Octoshape, el TVUPlayer, y todos esos programas popularizados para ver partidos a través de Internet, se basan en la tecnología de las redes P2P, compartiendo fuentes, recursos y ancho de banda entre los usuarios.

El streaming y los derechos de autor

¿Qué problemas plantea el Streaming para los derechos de autor? En este punto, hay que tener en cuenta la distinción anterior entre los dos tipos de streaming, ya que cada uno plantea problemas diferentes.

Un caso especial serían las estaciones de radio. En realidad, a muchas de ellas habría que incluirlas en el grupo de “streaming bajo demanda”, ya que no se trata de una misma emisión para todos los clientes, sino que cada usuario elige los temas y artistas que prefiera, configurando una sesión personalizada. Sin embargo, estas páginas siguen el modelo de la radio en el sentido de que pagan los derechos de emisión de sus canciones, y se sostienen económicamente gracias a la publicidad en sus webs. Los jóvenes internautas cada vez escuchan más canciones a través de NovaPlanet o Last.FM, interesándose no tanto por poseer copias de canciones, sino por acceder a ellas. Por estas razones, muchos han señalado el streaming como una de las salidas más interesantes al problema de la piratería, ya que contentaría a todas las partes.

Sin embargo, esas webs cada vez presentan más problemas económicos. Especialmente en Estados Unidos, donde la Digital Millenium Act, de 1999, obliga a pagar más tasas a los que emiten música por Internet que a los demás medios. Hay que distinguir entre derechos de autor (compositores) y los derechos de los intérpretes y productores de cada versión. Las cadenas de radio tradicionales pagaban a los primeros pero no a los segundos, ya que se suponía que los cantantes y sus discográficas eran beneficiados por la propaganda que se les hacía. Sin embargo, los lobbies de las discográficas consideraban que ese beneficio no existía a través de Internet. Con el tiempo, esta situación se agravó: se llegó incluso a pedir que Internet pagase por canción emitida y por oyente. Aunque los acuerdos han suavizado esta situación, grandes cadenas de radio han rozado la ruina (como Pandora o Spiral Frog, que tuvo que cerrar). Los ingresos de publicidad, que se ha devaluado en los últimos años, no bastan para pagar los royalties de las canciones, la memoria para almacenarlas, y el ancho de banda para emitirlas. Por eso, varias ya se han pasado a la modalidad de pago, como Last FM (con todo, sus tarifas siguen siendo muy asequibles para los oyentes).

El caso de Youtube, Google Videos, DailyMotion y otras páginas de almacenamiento de vídeos, puede recordar más al de las redes P2P, en las que el contenido lo aportan los usuarios. Que, por norma general, no son abogados expertos en asuntos de Propiedad Intelectual. No siempre tienen claro si piratean material protegido (¿Es delito colgar un videoclip que hemos grabado en la televisión? ¿Hay que pagar derechos por utilizar una canción como audio en un montaje de vídeo?) Y no siempre tienen tiempo ni recursos para contactar con todos los artistas y productores afectados.

Estas páginas plantean además el problema de que sus vídeos se puedan descargar al disco duro. Youtube intenta desincentivar la descarga de sus vídeos por varios métodos: por un lado, en sus páginas no hay ningún botón que permita descargar (¿cuántas páginas no se habrán escrito los últimos años sobre cómo bajar vídeos del Youtube?); y por otro lado, configuran sus vídeos de Flash en una calidad que deja bastante que desear. El problema es que, durante un tiempo, ese archivo está alojado en la memoria temporal de nuestro ordenador. Bastaría con saber rescatarlo de ahí, llevarlo a la “memoria de largo plazo”, antes de que se extinga.

¿Qué responsabilidad asumen esas páginas por los contenidos que dejan sus usuarios? Youtube nos advierte, siempre que queremos subir un vídeo, de que debemos comprobar que sus contenidos no están protegidos legalmente. Sin embargo, no estableció ningún sistema de filtrado. Previsualizar todos los vídeos antes de publicarlos, es materialmente imposible (se suben alrededor de 16 horas de contenidos por minuto), relentizaría el proceso, y sobre todo, se podría considerar una especie de censura previa, que amenazaría la privacidad de los usuarios. Lo que se suele hacer, siguiendo una política parecida a la de Google Books, es facilitar una dirección, para que los autores y compañías que localicen material suyo protegido, puedan reclamar la retirada de esos videos.

En el 2008, en paralelo también con su famoso acuerdo para los libros, Google intentó conciliarse con los autores mediante Video ID. Por un lado, Video ID es una potente herramienta para filtrar contenidos. Los autores y las productoras que se suscriban al programa, tienen que aportar los materiales que deseen proteger a una base de datos privada. Cada vez que se cuelga un vídeo, un programa compara sus fotogramas con los de la base de datos; de tal manera, que en cuestión de segundos, se puede saber si un vídeo viola algún derecho o no. Pero, por otro, Video ID deja que sus suscriptores puedan elegir entre retirar esos vídeos, o mantenerlos en Youtube, a cambio de un porcentaje de los beneficios recibidos por publicidad (aunque, al igual que las web de radio, los ingresos por publicidad cada vez son menores). Aunque hay que indicar que, en ese sentido, Youtube es una de las páginas de videos más respetuosas con el tema de los derechos de autor; otras webs, no ponen tantos reparos a la hora de publicar cualquier contenido (se llegan a colgar películas enteras), y sí facilitan las descargas.

Si bien se pueden entender esos reparos a colgar un videoclip de Shakira o fragmentos de Crepúsculo, ¿por qué a veces se prohíbe subir programas de televisión, o resúmenes de partidos de fútbol? ¿No se supone que sus cadenas ya emiten esos contenidos en abierto, y que sus beneficios vienen de la publicidad? En los programas de televisión, intervienen dos derechos. Por un lado el de las productoras, que graban los programas, y los venden a las cadenas que estén interesadas en emitirlos. Y por otro, los derechos de radiodifusión de las mismas cadenas de televisión. La Primera o Telecinco son propietarias de sus emisiones; y si bien permiten sus grabaciones para usos privados (aunque pagando un canon sobre casetes y cintas de vídeo, que no es tan famoso como el de sus sucesores los dvd), la publicación en Internet sin su permiso, y cobrando por publicidad, es una cosa bien diferente. Muchas cadenas de televisión han llegado a acuerdos con Google para colgar algunos materiales en Youtube, como medio de que su programación llegue a más gente. Pero otras, como Tele 5, han preferido reservarse todos sus programas para una web propia (MiTele), donde puedan controlar mejor los contenidos y los ingresos de publicidad.

El tema de los programas de televisión nos lleva a los problemas que puedan plantear los sistemas de radio o televisión por Internet. Por norma general, las propias cadenas permiten a los internautas seguir sus programas en directo, a través de sus webs. ¿Qué sucede con los sistemas de TVP2P? Muchos de ellos son completamente legales: llegan a acuerdos con las cadenas para retransmitir algunos de sus canales, como Octoshape o Zattoo (de hecho, éste último ha tenido que pasar recientemente a la modalidad de pago, al no poder asumir el pago de derechos sólo con publicidad). Otros, en cambio, se limitan a integrar en una red P2P todas las señales de televisión que faciliten sus usuarios (como Sopcast).

Y el mejor ejemplo lo encontramos precisamente en la retransmisión de partidos de fútbol y baloncesto. Por norma general, las federaciones y los clubes negocian con distintas cadenas de televisión, para venderles el derecho de retransmitir sus partidos. Esos derechos son exclusivos dentro de cada país; y la competencia del extranjero pude resultar muy peligrosa, especialmente si se opta por ofrecer esos partidos mediante pago, cuando fuera son gratuitos. Para evitar que los aficionados nacionales sigan los partidos en webs extranjeras, se exige que cada cadena restrinja sus emisiones a los internautas de su país. Por razones parecidas, cuando intentamos ver los episodios de una serie de la Fox, o un documental de la BBC, desde sus páginas web, nos encontramos con el aviso de que esas emisiones sólo están disponibles para EEUU o Gran Bretaña. Sin embargo, cuando se conectan las señales de televisión a una red TVP2P abierta a todo el planeta, cualquiera puede acceder a ese programa. Ésa es la razón por la que aficionados de todo el mundo siguen partidos de fútbol o baloncesto en canales chinos o japoneses.

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